Ha sorprendido y horrorizado a todo el mundo el secuestro y abuso sexual realizado por el austríaco Josef Fritzl. Muchos se preguntan cómo fue posible que durante tantos años nadie se diera cuenta de lo sucedido. Ni siquiera la esposa ni los hijos que no estuvieron secuestrados.
El mundo está lleno de maridos secuestradores. Si bien serán pocos los que llegan a este extremo, es más común de lo que se piensa los casos de, mediante la violencia física o mental, hombres que mantienen en sus casas a las mujeres. No sólo les prohíben trabajar, sino que las celan y les permiten salir lo estrictamente necesario para comprar víveres, todo bajo estrecha vigilancia y amenaza. La casa, a vista y paciencia de todos, se transforma en un verdadero zulo.
La mujer vivirá condenada a no realizarse como personas, a no seguir aprendiendo ni socializando. Lo más probable que después, cuando alcance una mayor edad y los hijos se hayan ido, el marido se aburra de ella, porque, naturalmente, la esposa tendrá muy poco que conversar y aportar a una relación de dos.
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VIENA.- Una semana después de que se conocieran los crímenes de Josef Fritzl, el 'carcelero' de Amstetten, la policía ha confirmado algunos detalles que se han ido conociendo en los últimos días sobre la investigación.
El responsable de los servicios criminales de Baja Austria, Franz Polzer, ha informado de que el zulo tenía una segunda puerta de acceso que al parecer no fue utilizada más por el acusado.
Esta puerta, que no fue reconocida al principio de la investigación, es una puerta corredera de metal aislada por un muro de cemento. Una vez abierta, los investigadores se han encontrado con un habitáculo de 1,40 metros de altura lleno de cables, tuberías y conductos eléctricos debidamente camuflados.
La cárcel de Elisabeth contaba con ocho puertas, todas ellas cerradas a cal y canto incluido un sistema electrónico.
Los investigadores están a punto de terminar con su registro del sótano de la casa de Amstetten.
Polzer ha presentado un dibujo del complejo de viviendas donde está la casa de Fritzl. Se trata de una construcción antigua que data de 1890 y una parte nueva, edificada entre 1978 y 1983. Ya al ser planificada la casa se previó crear una habitación que permaneció oculta a las autoridades de construcción.
15 personas atienden a las víctimas
Las autoridades de Amstetten también han dado nuevos detalles sobre la salud de las víctimas de los crímenes de Josef.
Tras su hospitalización, ni los niños ni la madre ni la abuela ven la televisión ni oyen la radio. Lo que sí hacen es ver películas de vídeo y oír música.
Elisabeth suele echarse una siesta. Los médicos señalan que está acostumbrada a un ritmo muy lento de vida, como Stefan y Felix, los dos hijos que vivieron con ella en el sótano.
Un total de 15 personas cuidan y están con las víctimas día y noche.
El estado de salud de los familiares del Josef Fritzl mejora gradualmente. La hija mayor (incestuosa) de Fritzl, de 19 años, cuya hospitalización condujo al descubrimiento del horror vivido en el sótano de los Fritzl, "ya no está en peligro de muerte inminente", anunció el lunes Albert Reiter, director de la clínica donde fue ingresada la adolescente en estado crítico el pasado 19 de abril.
"Su estado de salud sigue siendo preocupante, la paciente debe seguir en coma artificial con asistencia respiratoria durante un tiempo indeterminado", precisó en una conferencia de prensa el responsable de la clínica psiquiátrica de Amstetten-Mauer.
"El pronóstico sigue abierto", añadió Reiter, que recordó que la víctima, que sufre de espasmofilia aguda, presenta "una patología muy compleja".
Josef Fritzl admitió el pasado 28 de abril haber secuestrado y violado a su hija Elisabeth durante 24 años en el sótano de su casa en Amstetten, Austria. De la forzada relación incestuosa nacieron siete hijos.
Fritzl comparte celda junto a otro prisionero, con el que mantiene una buena relación, ha señalado el director de la prisión.
La rutina de Fritzl no está sujeta a ningún tratamiento especial. Ve la televisión, escucha la radio y lee los mismos periódicos que los otros presos. Come en su celda.
Publicado en El Mundo, Madrid, España.
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